La burreta

Perico necesitaba  de una burreta como ahora necesitamos del móvil. La usaba como medio de transporte (no tuvo carnet de conducir) y para  cargar aperos, frutos del campo y el agua de la fuente, traída en cántaros. La bicicleta era impensable en Costean por sus empinadas calles. Todas sus burras eran pequeñas y mansas.

Cinco primos, una burra y un observador.

Cinco primos, una burra y un observador (principios de los 70)

Cuando se moría  la sustituía por otra que  compraba en Puértolas, un pequeño pueblo del Pirineo. Eran pacientes, pacíficas y muy sacrificadas, y para los nietos un juguete semoviente; cuando obteníamos permiso para sacarla de la cuadra, la calle se convertía en una fiesta.

Mis primos Ramiro, José María y Tony, con mi hermana María José en medio.

Mis primos Ramiro, José María y Tony, con mi hermana María José en medio. Años 60.

Con esta burra de arriba ocurrió  la anécdota  que describo en “Lo que me contó/sexo de los burros”. Era de color grisáceo, mansa y obediente. Mi primo Ramiro, creo que se  rompió el brazo por una caída desde la burra.

Mis primos Tony y Javier.

Mis primos Tony y Javier ( Finales de los 60)

Mi abuelo Perico para mandar sobre ellas usaba sólo cinco palabras:

  • ¡¡ Soooo !!: Parada.
  • ¡¡ Arre !!: Arranque. (A veces con la lengua doblada le hacía un ruido similar al croar de la rana y equivalía a lo mismo)
  • ¡¡ Güisqui !!: Izquierda.
  • ¡¡ Pasa ya !!: Derecha

Una vez mi hermana María José cogió una corbata muy larga de mi tío Ramiro, que medía 1,90, y la anudó al cuello del animal. Le colgaba como el badajo de una campana y nos reímos mucho con la ocurrencia…

Mi primo José María "el valiente" (por si acaso yo controlo la situación)

Mi primo José María “el valiente” (por si acaso controlamos la situación) Finales de los 60.

A veces pienso que los nietos suplíamos la inclinación maternal del animal… Nunca fueron madres.

En la foto siguiente asoma Juan Antonio, un vecino bondadoso que nos visitaba muchas veces, y a quien mi abuela daba de almorzar. Era soltero como su hermano Lorenzo, con quien vivía. Nunca salió de Costean salvo cuando hizo la mili en el cuartel “Conde Duque” de Madrid. Cuando me lo contaba se ponía muy serio al citar “Conde Duque”: enarcaba los ojos y levantaba la barbilla.

Tía Anita con su hijo José María. Al fondo asoma el bondadoso Juan Antonio.

Tía Anita con su hijo José María. Al fondo asoma  Juan Antonio. (Mediados de los 60)

Ese petril natural de piedra en frente de casa, lo usábamos (incluido mi abuelo) para subir a la burra. Y  también para jugar.

Mis primos José Maria, Tony, y las piernas de Ramiro. (Mediados de los 60)

Este petril de piedra natural situado frente a casa, era el escalón para subir al burro. También el banco para nuestros juegos infantiles.

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