Su mujer e hijos (7 + 1)

Su esposa.

No me creo capaz de hacer un breve resumen de la bondad y sacrificio de mi abuela Antonia. También era de Costean, aunque con ascendencia en Capella.

Perico y Antonia.

Perico y Antonia

Era pequeña, siempre con su pelo negro recogido y vestía todo de negro. Nunca le vi otro color ni ninguna joya. Trabajó y se sacrificó tanto (sin electricidad ni agua corriente durante muchos años) que le quedaron las manos deformadas; de niño no entendía que pudiera retirar las brasas del fuego con las manos, sin quemarse (en gestos rápidos) o que sacara de las brasas ardientes pucheros y cazuelas sin usar trapos…

En la galería, tendiendo ropa hacia el Azul.

Tendiendo ropa hacia el barranco del Azul.

Horas antes de morir, en la cama del hospital, estuve a solas con ella. Tenía los ojos cerrados y los brazos sobre la sábana, cuando me dijo: “Yo, ya me quiero morir…, ya he trabajado bastante…”. Me lo dijo con plena consciencia: estaba agotada. Nunca olvidaré la silueta de sus manos sobre la sábana blanca; deformadas hacia afuera, como alas de  mariposa.

En el fregadero (cuando llegó la instalación de agua potable)

En el fregadero de la cocina, cuando ya había agua potable.

Los hijos.

Mis abuelos  tuvieron siete hijos, y un octavo más  que yo califico de federado a la familia.

Sus hijos fueron: Pedro ya fallecido: Josefina, Antonia ,  José María, Pilar,  Antonio y Francisco.  Pero familiarmente a algunos se les cambiaba el nombre por este otro: Pedro, Periqued; Antonia,  Antonieta; Antonio, Antonied y Francisco, Paqued.

Mi abuelo, mi tío José María y yo. Tres generaciones a la mesa.

Mi abuelo, mi tío José María y yo. Tres generaciones a la mesa.

Esta costumbre de acabar en “ed” se arrastra de varias generaciones pues un tío de mi abuelo llamado Francisco Solano Sin era conocido como Paqued. Personalmente creo que hay algo de similitud fonética entre la terminación “ed” y la terminación “ez” de tantos apellidos españoles: González, Rodríguez, Hernández, López (de Gonzalo, Rodrigo, Hernando, Lope…) Pero esto lo digo sin ningún conocimiento de causa.

El hijo “federado” fue Angel Claver Salinas, conocido por Angelito, aunque al hacerse mayor se le llamó Angelo.

Hacer una semblanza de mis siete tíos me ocuparía mucho espacio y sería insuficiente para plasmar sus virtudes humanas y lo bondadosos que han sido con los sobrinos.

Pero Angelito merece una semblanza a parte, porque en ella se reflejan él y mi familia.

Angelito, el hijo federado..

angelito dni

Angelito era un hombre de la edad de mis tíos a quien yo de niño, erróneamente, consideraba otro tío. Hasta que un día mi prima Antonia me advirtió de que no le llamara tío porque no me tocaba tío. La expresión no la entendí, porque “tocar” era palpar con la mano; cuando me la aclaró me quedé de piedra ¿ Entonces, qué me toca? le pregunte. “Nada”, y me quedé helado…

Vivía y trabajaba en Barcelona, y pasaba sus vacaciones en Costean, para san Lorenzo;  durante la temporada de caza también venía muchos fines de semana.

Era, por encima de todo, un “culé”, pero un culé enfermizo. A continuación  un fumador de farias, un cazador y un extraordinario intérprete de bandurria. Esas eran sus coordenadas.

Angelito y Paqued. A los postres de una comida familiar.

Angelito y Paqued. Cuando tocaba todo el mundo callaba.

Pequeño, chato, redondete y con bigote, cuando llegaba de Barcelona traía  una fragancia nueva con su colonia y su jabón tan distinta del olor de casa a pan, lejía, leña y romero (el que traían los perros del monte). Aquel aroma de capital presagiaba que san Lorenzo se acercaba… Cuando reía, que lo hacía muy a menudo, cerraba los ojos como un chino, y con aquella nariz  tan chica parecía de otra raza.

A los postres de las comidas daba extraordinarios conciertos de bandurria (era de la rondalla de Centro Aragonés de Barcelona); con “Los sitios de Zaragoza”, que repetía mucho, no cometía un solo fallo. Tocaba con la mirada ausente y la faria en la boca. En la solapa izquierda, sobre su corazón, la insignia del F.C. Barcelona. A veces antes de cenar, cuando quedábamos los dos solos, me cantaba “Fonseca” con  los ojos cerrados: “las calles están mojadas…”.

Hace muy poco supe como se “federó” a mi familia: tras la guerra civil  sus dos hermanos fueron objeto de juicio militar y  condenados a muerte.

Angelito y mi tío Paqued

Angelito leyendo en El Heraldo de Aragón una noticia referida a Barcelona. Mi primo Ramiro en primer término.

Uno de ellos  (conocido por “El Chato”) fue un sanguinario “matacuras” que implantó el terror en Barbastro y alrededores. Cuando leí sus andanzas, hace varios años, no sabía que ese temible personaje había sido hermano de Angelito… El caso es que tenía las manos muy manchadas de sangre.

Eran vecinos de mis abuelos, no tenían padre,  y tras las dos ejecuciones quedaron  solos su madre y él, muy niño; al llegar la noche, al verse solos,  les entraba tanto miedo que no podían conciliar el sueño, y mis abuelos les invitaron a dormir a su casa, para estar más tranquilos. Dormían tres en la cama: Angelito, su madre y uno de los siete hijos. De paso mis abuelos les ayudaban para comer porque ellos dos solos tampoco se valían mucho…

Procesión por la parte baja del pueblo.

Encima del remolque aparece una humilde casa de una sola planta. En ella nacieron los siete hermanos y pasaron los primeros años de infancia. A ella iban a dormir Angelito y su madre, vecinos de detrás.

Surgió así una relación intensa, afectuosa y cuando años después madre e hijo emigraron a Barcelona, a casa de una hija mayor, Angelito dejó una familia enraizada en el pueblo, con las puertas de su hogar abiertas para cuando quisiera volver. Que lo hizo siempre. En casa de mis abuelos su habitación  se conoce como “la habitación de Angelito” que es donde yo dormía cuando él no estaba; con un balcón a la calle lleno de olorosos geranios que cuidaba mi abuela.

angelo mexicano

Angelito y Paqued. Una relación de hermanos con los siete.

Su amistad  con mis  tíos era lo más parecido a una hermandad de sangre. Con Francisco (Paqued) era muy intensa: los dos muy cazadores, con extraordinaria puntería, amantes de la música: Angelo de la jota y Paqued de Alfredo Kraus… Uno del Barcelona y otro del Real Madrid, motivo de chanzas y bromas.

Así se cómo se quisieron tanto el hermano de un  sanguinario matacuras y un sacerdote…

Hace unos diez o doce años  Angelo (de mayor  le cambiamos el nombre) sufrió  una parálisis parcial en el lado derecho que le impedía hablar, y su hermana lo internó en una residencia de Barcelona. Allí  le iban a visitar mis tíos Paqued y José María desde Costean. Cuando se aproximaba san Lorenzo Paqued no faltaba a la cita y Angelo, que no podía hablar, se le echaba a llorar… Creo que los dos lloraban en Barcelona. Murió hace varios años.

Esta foto de Angelo tiene una historia muy interesante; está tomada en casa de mi tía Antonieta, en Barcelona, a mediados de los setenta. Su marido Ramiro era portero de un edificio de gente bien de la zona alta. Un día tiraron  a la basura un cuadro con un pequeño roto  y Ramiro  lo guardó porque le venía bien  para tapar una  humedad  en la pared.
 
Angelito, mi tío José María y el cuadro de Aurelio Arteta.
Angelito, mi tío José María y el cuadro de Aurelio Arteta.
¡ Cuantas ironías hemos dicho sobre la cara de aquella mujer !. Un día visité  a mis tíos con un amigo vasco, y cuando vio  ese cuadro  lanzó una exclamación de asombro: “¡ Aivá, un Arteta!” . Aquello hizo saltar  todas las alarmas. Cesaron mis risitas hacia  la mujer del  lienzo y aconsejé a mis tíos  que escribieran a la consejería  vasca de Cultura y les  mandaran  unas fotos…  A los pocos días  dos técnicos  del gobierno  vasco  confirmaron la  autoría  de  Arteta  y, al poco tiempo, el cuadro era comprado por el gobierno vasco.  Ahora está colgado en el museo de Bellas Artes de Bilbao y se llama “La Pescadora”.
Para nosotros siempre fue  “La mujer de la cara”
 
 
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